Cinco años y cinco preguntas sobre el bosón de Higgs

Tal día como hoy, hace cinco años, el LHC anunciaba con gran orgullo uno de los descubrimientos más importantes de la historia de las ciencia: la confirmación de la existencia del bosón de Higgs. Esta partícula no era desconocida para los teóricos de la física, que ya preveían su existencia para que el modelo estándar de física de partículas funcionara correctamente. Y, por suerte, lo encontraron. Porque el bosón de Higgs es la pieza fundamental en el que es el método más sencillo en el modelo estándar de física de partículas para explicar la razón de la existencia de la masa. ¿Qué ha ocurrido desde el anuncio de su descubrimiento? ¿Y qué esperamos encontrar de aquí en adelante? Para poder entenderlo mejor, Hipertextual se ha puesto en contacto con Mario Herrero Valea, investigador postdoctoral en el Laboratorio de Física de Partículas y Cosmología de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, en Suiza. Esto es lo que nos ha contado.

¿Qué es un bosón?

“Si uno va más allá de las diminutas partículas atómicas nos encontramos con los ladrillos fundamentales del universo: los bosones y fermiones”, nos explica el físico. Para que nos entendamos, los fermiones serían estos ladrillos ya que son los únicos capaces de formar estados ligados mientras que los bosones son las partículas mediadioras, o mensajeras. “La única diferencia fundamental entre fermiones y bosones es su espín”. El espín es una propiedad física de las partículas elementales y tienen un valor fijo. Para los fermiones, este valor es semientero (1/2, 3/2…). Para los bosones, el espín tiene un valor entero. Estos valores son resultados de sus propiedades y son muy difíciles de entender en nuestro mundo macroscópico, el que se ve a simple vista. A partir de los bosones y fermiones se construye todo, desde las fuerzas fundamentales del universo hasta los átomos (y partículas) que existen.

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Advanced LIGO detecta ondas gravitacionales por segunda vez en la historia

Si pudiéramos viajar en el tiempo 1.400 millones de años atrás, seríamos testigos de un asombroso evento. La colisión de dos agujeros negros, de un tamaño entre catorce y ocho veces la masa de nuestro Sol, respectivamente, y que produjo la segunda señal de ondas gravitacionales detectada en la historia.

El pasado 26 de diciembre de 2015 a las 03:38:53 h UTC, el observatorio Advanced LIGO consiguió percibir de nuevo ondas gravitacionales. Dichas ondas se produjeron hace miles de millones de años tras un estruendoso fenómeno provocado por la fusión de los agujeros negros. De manera simultánea, el evento generó una cantidad de energía más o menos equivalente a la masa del Sol, que se transformó en ondas gravitacionales. Es decir, la colisión de dichos agujeros negros ocurrió de forma similar a lo que pasa cuando tiramos una piedra en un estanque: en el lugar donde cae la roca, se produce una pequeña perturbación, que puede ser fácilmente identificable al observar las ondas que se propagan por el agua.

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