Las Islas Canarias no tienen nada que temer de las ondas electromagnéticas

El miedo a las ondas electromagnéticas está bastante extendido en nuestra sociedad. Pero, ¿hay razones para ello? Según todas las evidencias científicas hasta la fecha, no. El aire de Canarias sigue tan limpio como siempre. Pero no hablamos de polución o de la calidad del aire, sino de las radiaciones electromagnéticas.

ondas electromagnéticas

Así lo afirma un reciente informe del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud, el CCARS, que se ha encargado de evaluar miles de trabajos sobre el impacto de la radiofrecuencia en la salud de las personas. Y es que la preocupación por las “radiaciones” procedentes de antenas y dispositivos de todo tipo ha hecho amplia mella en el interés de la población. Especialmente en Canarias, donde el territorio es limitado. El inherente principio de precaución que nos ha permitido sobrevivir como especie es el mismo responsable de los miedos e inseguridades que dirigen esta preocupación. ¿Pero tiene razón de ser? La evidencia científica no parece haber avalado nunca una verdadera razón para temer a las ondas electromagnéticas con las que convivimos diariamente.

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Los límites son más que seguros

Para poder comprender mejor qué papel juegan en nuestra salud las ondas electromagnéticas hemos hablado con Miguel Angel García García-Tuñón, Secretario General del CCARS e investigador del Instituto de Cerámica y Vidrio del CSIC. “En el informe del Comité sólo se han tenido en cuenta los artículos científicamente relevantes sobre esta materia, que son entre 1.000 y 2.000 al año. No se han tenido en cuenta los informes cuya calidad científica no está garantizada”, explica el experto. Con “científicamente relevantes, Miguel Angel se refiere a aquellos que pertenecen a una base de datos científica y cumplen una serie de requisitos. Por ejemplo, el haber sido evaluados por expertos en el campo. O que toda la información del experimento esté disponible para poder reproducirlo. También es importante poder comprobar y verificar que la metodología ha sido la adecuada. “Cualquiera puede publicar un trabajo alegando que es científico. Sin embargo, la comunidad científica tiene unos criterios muy claros y específicos”, explica.

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